No puedo ofrecerte una sola flor – Rabindranath Tagore

No puedo ofrecerte una sola flor
de todo el tesoro de la primavera,
ni una sola luz de estas nubes de oro.
Pero abre tus puertas y mira; y coge,
entre la flor de tu jardín,
el recuerdo oloroso de las flores
que hace cien años murieron.

¡Y ojalá puedas sentir en la alegría de tu corazón
la alegría viva que esta mañana de abril te mando,
a través de cien años, cantando dichosa!

Impermanencia

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Entre los primos de Buda, había uno que le odiaba implacablemente y quería incluso arrebatarle la vida.  Se llamaba Devadatta y cierto día, cuando Buda caminaba tranquilamente, Devadatta le arrojó una pesada roca desde la cima de una colina, con la intención de acabar con su vida. Sin embargo, la roca sólo cayó al lado del Buda y Devadatta no pudo conseguir su objetivo.

El Buda se dio cuenta de lo sucedido pero permaneció impasible, sin perder la sonrisa de los labios.

Días después, el Buda se cruzó con su primo y lo saludó afectuosamente.

Muy sorprendido, Devadatta preguntó:

-¿No estás enfadado, señor?

-Pero ¿no me odias?  ¿No merezco que estés sumamente irritado conmigo?

-No, claro que no.

Sin salir de su asombro, inquirió:

-¿Por qué?

Y el Buda dijo:

-Porque ni tú eres ya el que arrojó la roca, ni yo soy ya el que estaba allí cuando me fue arrojada.

-No está en mi actitud dejarme ganar por la ira.

Cuento anónimo hindú

Giordano Bruno

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“La costumbre de creer –dice Aristóteles al final del segundo libro sobre la sabiduría- es la causa principal que impide al entendimiento humano la percepción de tantas cosas que de por sí son muy asequibles. Cuán grande sea la fuerza de esta costumbre –dice- nos lo demuestran las leyes, para cuya validez tienen mayor importancia los hábitos legendarios y pueriles que los hechos patentes. Pues, como observa al respecto su comentador Averroes, de igual manera que los hombres se habitúan a los tóxicos hasta el punto de que éstos les llegan a proporcionar un alivio, cual si fueran alimentos naturales, ocurre por otra parte que lo que en todos los demás surte efectos salutíferos y vivificantes, puede ser la perdición para ellos.

Pero aquellos a los que el hado proveyó de mejores dones espirituales, aquellos que no van dormidos por el mundo, pueden percibir sin gran dificultad la luz que se desparrama por doquier, con tal de que, a la hora de pronunciar sentencia en la disputa entre la fe y la razón, designados como árbitros entre las dos partes litigantes, escuchen atentamente, saliendo de entre las nieblas del prejuicio común, las razones de ambas partes, las sometan a un cuidadoso examen y, con ayuda de una balanza exactísima, comparen y sopesen todo cuanto aparece a los sentidos como evidente, irrefutable, conforme o inamovible, familiar y acostumbrado, tan pronto como sea puesto en duda, con aquello que al contrario les pueda parecer más absurdo. Pues sólo así llegarán a hacer prevalecer al fin su opinión ante los dioses y los hombres, y no a ciegas, como el vulgo rudo, como el servil y necio rebaño en su profundísima oscuridad y en la tenebrosa cueva de la ignorancia, sino bajo la clara luz divina de la verdad, como todos aquellos que están convencidos de la existencia de una verdad divina.

Mas aquí nos encontramos en un terreno en el que reina la libertad de pensamiento, donde cada cual debe tener presente que el don de la visión corporal y espiritual no le ha sido otorgado en vano, que no necesita cerrar sus ojos a capricho de los farsantes e ignorantes, que no desprecia, en un alarde de ingratitud para con el bondadoso creador de la naturaleza, el preciado don de la razón, cual si ésta no se pudiese compaginar con otros dones de la misma divinidad y cual si una verdad se pudiera interponer en el camino de otra o una luz auténtica pudiera oscurecer a otra luz auténtica. Siendo esto así, ¿habríamos de asustarnos y escondernos de esa facultad de discernimiento y examen, núcleo más valioso de nuestro ser, que es como decir de nosotros mismos? Antes bien, habida cuenta de la divinidad que habita en nuestro interior y de la luz que resplandece en la fortaleza de nuestro espíritu, volvamos nuestros ojos de investigadores hacia el lugar donde, apenas fijemos la mirada, adquiramos con toda certidumbre un conocimiento ante cuya belleza, santidad y veracidad, ante cuya naturalidad, se bata en retirada todo sofisma engañoso y se desmorone la superstición de fantásticos zahoríes.

Consciente de su poder, el espíritu se atreverá a intentar el vuelo hacia el infinito, cuando antes estuvo encerrado en la más estrecha mazmorra, desde la cual sólo podía alcanzar la facultad visual de sus ojos miopes hacia los lejanísimos parpadeos de los astros a través de grietas y pequeños agujeros, por así decir. Pero además estaban sus alas –por así decir- cortadas por el cuchillo de una mostrenca fe consuetudinaria que levantaba una cortina de niebla entre nosotros y la majestad de los celosos dioses, que con su propia imaginación creaba incluso un nublado que ella creía construido con hierro y acero. Liberado empero de esta visión de pesadilla a base de la mortalidad, de las iras del destino y del discernimiento plúmbeo, liberado de las cadenas de las crueles erinias y de los fantaseos del amor parcial, se lanza el espíritu en dirección al éter, atraviesa, flotando, el ilimitado ámbito de enormes y numerosos universos, visita los astros y rebasa en su vuelo las imaginarias fronteras del universo. Han desaparecido los muros de todas esas octavas, novenas, décimas y demás esferas que en su ciega locura inventan filósofos y matemáticos. Con ayuda de la investigación dirigida simultáneamente por los sentidos y la razón, se abren los palacios de la verdad, los ciegos recuperan la vista, a los mudos se les desata la lengua y los que hasta entonces estaban impedidos para cada progreso espiritual adquieren fuerzas nuevas para visitar el sol, la luna y otros habitáculos de la mansión del Padre universal, semejantes al mundo en que vivimos, menores y peores, pero también mayores y mejores, en gradación infinita. Llegamos así a una contemplación más digna de la divinidad y de esta madre naturaleza que nos engendra en su seno, nos conserva y, por fin, nos vuelve a acoger y, además, no creeremos en adelante que haya ningún cuerpo sin alma o, como fementidamente dicen algunos, que la materia no sea otra cosa que un estercolero de sustancias químicas.”

 

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El juicio de la existencia – Robert Frost

7

Y desde un precipicio se proclama

la reunión para que nazcan las almas,

el llamado juicio de la existencia,

el oscurecimiento de la Tierra.

Y las más ociosas se dan la vuelta

para observar de nuevo el sacrificio

de las que por alguna buena causa

abandonarán de buen grado el Paraíso.

Y sólo es elegido quien lo desea,

habiendo escuchado la vida que le espera

allí en la Tierra, lo bueno y lo malo,

sin ninguna sombra de duda.

Tampoco falta entre la multitud

un espíritu dispuesto a enfrentarse,

heroico por su indefensión,

a la enormidad de la Tierra.

Pero al final siempre habla Dios:

“Un pensamiento en la agonía de la lucha

podría tener el más valiente por amigo,

el recuerdo de que escogió la vida;

pero el destino puro al que te abocas

no admite el recuerdo de la elección,

o de otro modo no sería terrenal la congoja

a la que das tu consentimiento.”

Y así, la decisión debe volver a tomarse,

aunque la decisión final sea la misma;

y el sobrecogimiento eclipsa al asombro,

y por toda aclamación se hace el silencio.

Y Dios ha tomado una flor de oro

y la ha roto, y de ella ha extraído

el lazo místico para ligar y unir

el espíritu y la materia hasta que llegue la muerte.

Y es la esencia de la vida,

pese a nuestras muchas decisiones, carecer

del claro recuerdo duradero,

de que la existencia nos depara

sólo lo que de algún modo escogimos;

y así nos vemos despojados del orgullo

en este sufrimiento con un único final,

y lo soportamos abatidos y desconcertados.

La historia es un incesante volver a empezar

Aquellos que son más en número vienen a la batalla confiados en sus fuerzas, no en su saber y consejo. Los que son muchos menos y no acuden forzados a pelear poniendo toda su seguridad en su seso y prudencia, van osadamente al encuentro. Y bien considerado, con razón nuestros enemigos nos temen mucho más por esto que por el aparato de guerra que traemos, pues vemos a menudo los más poderosos ser vencidos por los menos, a veces por ignorancia y otras por falta de corazón. Ninguna de ambas cosas se hallará en nosotros.

 

Lo que a vosotros toca es que cada cual, dentro de su barco, guarde la ordenanza y sea muy obediente para hacer pronto lo que le fuere mandado, porque las más veces la ocasión de la victoria consiste en la presteza y diligencia en acometer cuando es tiempo.

 

Recordad que el secreto de la felicidad está en la libertad, y el secreto de la libertad, en el coraje.

 

(…) Ni tampoco debemos pensar que hay gran diferencia de un hombre a otro, sino que es más sabio y discreto aquel que muestra su saber en tiempo de necesidad.

 

Tucídides ( Historiador y militar griego)

 

Sueña nobles sueños y como sueñas, así llegarás a ser

a

 

El pensamiento es la fuente de la acción, la vida y la manifestación; construye una fuente pura y todo será puro.

Quienes entienden y reconocen su necesidad de crecer y mejorar siempre alcanzarán los objetivos que su corazón les haya trazado.  Pero para eso, deben estar preparados para realizar grandes sacrificios personales antes que puedan lograr su objetivo, entendiendo que el precio del éxito no es negociable.  Y una vez han comenzado a transitar su camino, descubrirán la presencia de esa gran ley que es absolutamente justa, y que no retorna mal a quien hace el bien, ni premia con el bien a quien mal actúa.

Trabaja con alegría y paz, sabiendo que los pensamientos correctos y esfuerzos correctos traen inevitablemente resultados correctos.

Pero aquellos cuyos corazones están centrados en el supremo amor no etiquetan ni clasifican a los demás; no buscan que piensen como ellos ni tratan de convencerlos de sus propias ideas.  Este tipo de personas, al conocer la ley del amor, viven en ella y mantienen una serena actitud mental y una dulzura de corazón hacia todos los demás.  Los corruptos y los virtuosos, los tontos y los sabios, los ilustrados y los ignorantes, los egoístas y los generosos, todos reciben por igual la bendición de sus apacibles pensamientos.

James Allen

b

 

¿QUE HACEN LOS ÁNGELES?

LO QUE EL MUNDO CONSIDERA “GENIO” ES NUESTRO ÁNGEL INTERIOR ACTUANDO SIN
INTERFERENCIAS. ASÍ ES COMO FUNCIONAN LOS GRANDES HOMBRES Y MUJERES. ES COMO
SE REALIZAN LAS GRANDES OBRAS MAESTRAS Y BRILLANTES, Y COMO EL -PROPÓSITO
SUPERIOR” DEL SER PUEDE LLEVARSE A CABO. AQUELLOS QUE INGRESAN EN ESTE
DINÁMICO Y PODEROSO ESTADO DESCUBREN EL REINO CELESTIAL DE LOS ÁNGELES EN LA
TIERRA.
  A LO LARGO DE LA HISTORIA, NUESTROS MÁS GRANDES ARTISTAS, MÚSICOS,
ESCRITORES, ACTORES, CIENTÍFICOS, ARQUITECTOS, INGENIEROS, POETAS,
BAILARINES, FILÓSOFOS, FILÁNTROPOS, FIGURAS RELIGIOSAS Y, LÍDERES MUNDIALES
-TODOS LOS HÉROES DE LA TIERRA- HAN SIDO HOMBRES Y MUJERES QUE SUPIERON
CRUZAR SUS PROPIOS PUENTES, CONECTARSE CON SU ÁNGEL INTERIOR Y, PERMITIRLE
SOBRESALIR Y VOLAR. POR LO GENERAL, SU PROPÓSITO PRIMARIO ERA SIMPLEMENTE
AYUDAR Y DARSE A LOS DEMÁS SERES AMABLES. ESTA INTENCIÓN DE AMOR ES TAN
PODEROSA QUE PUEDE ELEVARNOS POR ENCIMA DE NUESTRA SENSACIÓN DE SER SERES
LIMITADOS Y PERMITIRNOS ALCANZAR VERDADERA GRANDEZA DE ESPÍRITU.
 
PARA SER GENUINAMENTE SABIOS Y PODEROSOS EN ESTA TIERRA, SÓLO NECESITAMOS
PERMITIRNOS SER Y EXPRESAR CON LIBERTAD LOS ÁNGELES QUE, EN VERDAD, SOMOS EN
NUESTRO INTERIOR. LAS OBRAS NOBLES Y EXCELSAS VENDRÁN JUNTO CON NUESTROS
MAYORES LOGROS Y RECOMPENSAS. SI SOMOS DIGNOS DE LA GRANDEZA Y LA GENIALIDAD
NOS ENCUMBRAREMOS MÁS ALLÁ DE 1O HUMANO. MIENTRAS QUE COMO SERES HUMANOS
POSEEMOS MUCHAS LIMITACIONES, NUESTRO “ÁNGEL” INTERIOR NO CONOCE NINGUNA.
ES ILIMITADO Y ETERNO. ES NUESTRO DON DIVINO, O GRACIA, O BARAKA Y LA
NOBLEZA DE NUESTRAS ALMAS.
 
JAMÁS PODEMOS FRACASAR SI ESTAMOS EN SINTONÍA CON NUESTRO ÁNGEL INTERIOR.
DESDE ESE LUGAR, TODO LO QUE PENSAMOS, HACEMOS Y SENTIMOS POSEE UN PODER
ILIMITADO. HASTA DÓNDE LLEGAREMOS DEPENDE DE NUESTRO PROPIO COMPROMISO.
DENTRO DE ÉL COMPROMISO ESTÁN NUESTRA LIBERTAD DE ACCIÓN DIVINA Y LA
GENEROSIDAD DE NUESTRO ESPÍRITU. ESTAS SON LAS SEMILLAS DE LA MÁS ALTA GLORIA.
 
A VECES LOS ÁNGELES ENCARNADOS DEJAN ESTE MUNDO TEMPRANO PARA QUE PODAMOS
SENTIR LO QUE SIGNIFICABAN PARA NOSOTROS Y PENSAR ACERCA DE SU PROPÓSITO Y
DEL NUESTRO EN LA VIDA.
LOS ÁNGELES PUEDEN DESENCADENAR HURACANES DE CURACIÓN, IMPULSAR MAREMOTOS DE
AMOR, DERRUMBAR MONTAÑAS DE ODIO, DERRETIR TÉMPANOS DE ENVIDIA Y EVAPORAR
OCÉANOS DE DOLOR.

http://www.actosdeamor.com/queangeles.htm