La risa mejora tu salud y te ayuda a superar conflictos

La carcajada, ya sea natural o forzada, no solo es placentera, sino que te ayuda a mantener el equilibrio físico y mental, puesto que desencadena un proceso psicológico, neurológico y fisiológico muy positivo.

Únicamente el 20% de las risas se debe a las bromas, según una investigación reciente de la University College de Londres.  Es decir, que la mayoría de las carcajadas que oyes durante el día son falsas.  Sin embargo, este estudio también corrobora que incluso siendo así, cuando reímos se activa en el lóbulo central del cerebro la parte de solución de problemas, además, las personas reaccionan positivamente a la risa “artificial”, lejos de sentirse ofendidos.

Según Pilar Lorenzo, diplomada en Dinámica y Terapia de la risa, la carcajada que surge de nosotros sin estar motivada directamente por ningún chiste o comentario gracioso “no es que no sea sincera.  Más bien hablaríamos de risa activa, que es la que surge a través de la voluntad, si estás a gusto y en compañía de otras personas que ríen”.

LOS BENEFICIOS DE REÍRTE

Hay algunos tipos de risa que no son saludables, como la patológica (sería el síntoma de una enfermedad orgánica o psíquica), la histérica (resultado de un estado de nervios alterados), la burlona (malintencionada, con el fín de menospreciar a alguien) o artificial (lograda tras el consumo de alcohol o drogas).

En cambio, la conocida como “franca”, que se caracteriza por ser expresiva y muy contagiosa, aporta múltiples beneficios para la salud:

*Fortalece el sistema inmunológico: al reír, aumentan los anticuerpos como la inmunoglobulina A y los linfocitos T, que identifican y neutralizan virus, bacterias y parásitos de nuestro organismo.  También sube la producción de células anticancerígenas.

*Ayuda al corazón: una buena risa es un ejercicio aeróbico cardiosaludable comparable a correr, nadar o ir en bici.

*Relaja la musculatura y la mente: una gran carcajada moviliza hasta 400 músculos y hace que este se distienda, descargando la tensión acumulada.  Además, el córtex cerebral libera impulsos eléctricos un segundo después de reír, por lo que resulta también un fantástico antiestrés.

*Mejora la respiración: reír es la forma más sencilla de respirar profunda y completamente, eliminando el aire viciado de los pulmones y aportando oxígeno nuevo al cuerpo y el cerebro.

*Aumenta la memoria y el ingenio: la producción de catecolaminas implicadas en el acto de reír incentiva el pensamiento positivo, la memoria, la creatividad y la resolución de problemas.

*Aleja la depresión y la ansiedad: como reguladora de los niveles de serotonina, dopamina, endorfinas y oxitocinas, la risa estimula un estado de ánimo positivo.

 

TAMBIÉN EN MALOS MOMENTOS

Los niños ríen unas 300 veces al día, mientras que los adultos solo lo hacen un promedio de 15.  Y es que a medida que ganamos años y aumentan las preocupaciones, cada vez nos permitimos menos esos instantes de distensión.  Además, está muy extendida la idea errónea de que tiene que haber un motivo concreto para reírse y que las personas de risa fácil son superficiales o inmaduras.

Pero la risa es innata y tenemos la capacidad de recuperarla en cualquier momento, incluso en personas a las que les cuesta mucho reírse por su carácter o porque atraviesan momentos personales difíciles.  En estos casos, la risa cumple la función de poner la distancia necesaria entre nosotros y las circunstancias adversas y de cambiar nuestro estado de ánimo.  La idea es que la risa es tanto el resultado de estar bien como el camino para estarlo.

 

EJERCITA TU RISA A DIARIO

Reírte más a menudo te resultará menos difícil de lo que crees si te “entrenas” para ello unos 15 minutos al día con esta serie de ejercicios:

*Toma de conciencia: visualízate con el rostro alegre y luego sonríe mientras repites frases que ayudan a crear una disposición mental positiva a la risa como por ejemplo “me permito reír”, “este es un gran momento para reírme” o “estoy abierto a la risa”.

*Respiración diafragmática: cierra los ojos y haz tres respiraciones profundas y prolongadas.  A continuación, inhala despacio por la nariz elevando el abdomen y exhala por la boca, dejando una pequeña abertura en los labios para oír cómo sale y pon una sonrisa.

*Pulmones listos para reír: pon tus manos palma con palma y dedos con dedos.  Así estimulas puntos de acupresión y se incrementa la energía del cuerpo.  A un ritmo 1-2, 1-2-3 da palmadas a la altura del centro del pecho mientras dices “o, o” y luego a cada lado diciendo “a, a, a”.  Es mejor si haces este ejercicio en movimiento, con el fín de preparar tus pulmones, diafragma y abdomen para reír mejor.

*La crema del buen humor: frota tus manos y extiéndete una imaginaria “crema de la risa” en todo el rostro comenzando por la frente, al tiempo que sonríes y exclamas “ja, ja, ja , ja, ja, ji, ji, ji, jo, jo…”.  Con estas pequeñas simulaciones encenderás el motor de tu risa.

*Risa silenciosa: con la boca bien abierta, expresa tu risa con todo el cuerpo, sin hacer ruido.  Esta “carcajada corporal” te ayuda a conectar con la risa genuina que llevas dentro.

Por Mar Claramonte

fuente: Sabervivir

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