Optimismo realista, el secreto para lograr el equilibrio

Una actitud positiva te permitirá aumentar tu capacidad y perseverancia

No se trata de confiar ciegamente en el futuro, sino de enfrentarse a la realidad con una buena predisposición.

En las pruebas que realiza la NASA para seleccionar a sus futuros astronautas, el nivel de optimismo es uno de los valores que más se tiene en cuenta.  Y es que tener una actitud positiva no sólo nos hace sentirnos más felices, sino que, además, nos ayuda a resultar más eficaces.  “El primer paso para la solución de los problemas es el optimismo -afirma el filósofo y científico chileno John Baines-.  Basta creer que se puede hacer algo para tener ya medio camino hecho”.

LOGRAR EL EQUILIBRIO

Ser optimista no consiste en adoptar una actitud ingenua o ilusa.  No se trata de limitarse a esperar a que todo vaya bien sin más.  El optimismo bien entendido consiste en mantener el equilibrio entre un estado de ánimo positivo y una concepción realista de la vida.  Tal como asegura el psiquiatra Luis Rojas Marcos: “El optimista, ante una decisión o situación, evalúa tanto lo positivo como lo negativo, pero dándole más importancia a lo primero.  Tiene la mirada educada para descubrir lo mejor de cada alternativa”.

Se trata de una actitud que sólo nos puede reportar beneficios.  No en vano las personas optimistas suelen ser más perseverantes, superan mejor las dificultades y tienen un mejor control de su propia vida.  Sin esta actitud, la humanidad no habría podido sobrevivir.

DAR LA VUELTA A LA SITUACIÓN

Recientes estudios han demostrado que existe un “gen del optimismo”, es decir, una predisposición genética a ver las cosas de una forma más positiva.  Esto no quiere decir, sin embargo, que las personas que no dispongan de este gen estén abocados irremediablemente a verlo todo negro.  El cerebro es muy adaptable y, si nos esforzamos por enviarle constantemente señales positivas, conseguiremos “reprogramarlo”.

-Alíate con el placer.  A lo largo del día, estamos expuestos a una gran cantidad de información, tanto negativa como positiva.  Según la neurocientífica Elaine Fox, autora del libro “Una mente feliz”, la clave está en “mantener más vínculo con las cosas que inducen placer y evitar lo negativo”.

-Lleva las riendas de tu vida.  Un reciente estudio ha demostrado que los trabajadores que tienen un mayor control sobre sus tareas son más eficaces y están más a gusto en su puesto de trabajo.  Si, en lugar de dejarte arrastrar por las circunstancias, tomas decisiones sobre la forma en la que quieres llevar tu vida, el nivel de optimismo y felicidad serán muy superiores.

-Confía en tu capacidad para solucionar los problemas.  No es cuestión de engañarse y pensar que todo va a salir bien.  Los problemas existen y no siempre pueden evitarse, pero, si tenemos confianza en nosotros mismos, será más fácil superarlos.

-Busca una motivación.  “La dicha de la vida consiste en tener siempre algo que hacer, alquien a quien amar y alguna cosa que esperar”, decía el teólogo escocés Thomas Chalmers.  Para conseguir un estado de ánimo positivo es imprescindible que nuestra vida tenga un sentido.

-Céntrate en los recuerdos felices.  En los momentos de “bajón”, piensa en situaciones de tu vida especialmente agradables.  Ante estos estímulos felices, tu cerebro reaccionará y será capaz de proporcionarte un estado de ánimo más positivo.

IDEAS PRÁCTICAS PARA VER LA VIDA DE UNA FORMA MÁS POSITIVA

Ya hemos visto que cada persona tiene una tendencia natural a ver las cosas de una manera o de otra.  Aunque tú seas de las que te inclinas por ver “la botella medio vacía”, puedes aprender a ser más optimista si sigues estos trucos.

-ESCRIBE UN “DIARIO DEL POSITIVISMO”.  Las personas pesimistas tienen una gran tendencia a pensar únicamente en los malos momentos.  Para invertir esta costumbre, escribe en un diario todas las experiencias positivas que has vivido durante el día.  De esta manera aprenderás a focalizar tu atención únicamente a los aspectos más satisfactorios de tu vida.

-HABLA DE LO QUE TE GUSTA.  No hay mejor terapia.  En las conversaciones con tu pareja, tus amigos, tus compañeros, etc, habla con entusiasmo de tus aficiones, de las personas que aprecias, etc.  Te sentirás mucho mejor y transmitirás una imagen de optimismo y alegría.

-CUESTIONA TUS PENSAMIENTOS NEGATIVOS.  Cuando te asalte alguno de ellos, analízalo de forma objetiva.  De esta manera podrás saber si se trata de un pensamiento automático o si verdaderamente tiene lógica.  Se trata de pensamientos del tipo “la felicidad no existe”, “el ser humano es malo por naturaleza”, etc.

-ALTERNA LOS MOMENTOS MALOS CON LOS BUENOS.  Si has pasado un mal día, en lugar de cerrarte en ti mismo, intenta aliviar tu bajo tono vital realizando una actividad que te proporcione satisfacción.  Si, por ejemplo, te has peleado con tu pareja, una vez hayáis hecho las paces, trata de pasar un buen rato con ella.

VARÍA EL RUMBO EN 5 MINUTOS

Ante una situación problemática o negativa, en lugar de darle vueltas, actúa con celeridad.  En cinco minutos, el asunto tiene que estar solucionado.

-Olvida el pasado.  No caigas en la autocompasión y deja de pensar en todo aquello que ya no se puede cambiar.

-Cambia el “chip”.  A continuación, céntrate en pensar qué es lo que vas a hacer a partir de ahora para cambiar la situación y solucionar el problema.

“El optimismo es la fe que conduce al logro; nada puede realizarse sin esperanza”. (Helen Keller, activista sordociega estadounidense)

fuente: revista Pronto

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