EL ÁNGEL DE LA GUARDA

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Existen 30.000 espíritus inmortales de Júpiter viviendo en la tierra: son guardas de los hombres mortales.

HESÍODO

Todo hombre, desde su nacimiento, recibe la protección de un ser o espíritu de luz: un ángel custodio.  El deber de este ángel custodio o ángel de la guarda es inclinar el alma del hombre hacia el bien.  Orígenes, en su libro Periarchon, afirma que a cada hombre se le asigna un espíritu bueno y, del mismo modo, se le asigna uno diabólico maligno, y ambos buscan la unión con nuestro espíritu y tratan de atraerlo hacia ellos y mezclarse con él.  Los buenos espíritus o ángeles, gracias a su guía y buenos consejos en forma de intuiciones y conciencia de nuestros actos, nos convierten a su vez en ángeles al unirse a nosotros.

El concepto de ángel de la guarda o custodio lleva implícito que se trata de un sólo ser de luz que nos protege y guía a lo largo de nuestra vida.  Sin embargo, todo hombre tiene, aparte de un ángel custodio, la ayuda de diferentes seres de luz que irán complementando al ángel de la guarda personal, dependiendo de las necesidades y problemas que surjan en la vida.

El beato Agustín escribió: “Los ángeles con gran dedicación y diligencia permanecen con nosotros a toda hora y en todo lugar, nos ayudan, piensan en nuestras necesidades, sirven de intermediarios entre nosotros y Dios, elevando a Él nuestras quejas y suspiros…  Nos acompañan en todos nuestros caminos, entran y salen con nosotros, observando cómo nos comportamos entre ese género engañoso y con qué empeño deseamos y buscamos el Reino de Dios”.

San Basilio el Grande, refiriéndose a los ángeles, también manifestó: “Con cada fiel hay un ángel, quien como niñera o pastor dirige su vida”, citando seguidamente las palabras de David, el salmista: “A sus ángeles dirá sobre ti que te protejan en todos tus caminos (…).  El ángel del Señor hará guardia alrededor de los que le temen y los ayudará”.  (Sal 90:11, 33:8).

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El ángel guardián acompaña a su protegido a lo largo de su vida y se preocupa por él, regocijándose de sus éxitos espirituales y acongojándose con sus caídas.  Una vez que el hombre mueres, el ángel es el encargado de llevar su alma a Dios.

El fundamento escriturario más común de esta creencia es la historia de Tobías.  Cuando va a dejar al jóven Tobías, el misterioso compañero que le ha servido de guía en el viaje y que ha sanado a su padre de la ceguera revela su identidad: “Soy Rafael, uno de los siete que estamos cerca del Señor”.

La solemnización del culto del ángel guardián partió de un obispo de Rodezi, Francois d’Estaing.  Este obispo hizo redactar primero, entre 1506 y 1510, un oficio del ángel guardián a un franciscano, Juan Colombi, e hizo que se aceptara en 1514 por el clérigo diocesano.  Más tarde lo sometió a la aprobación de León X, que acababa de acceder al trono de San Pedro.  Por una bula del 18 de abril de 1518, León X autorizó que se estableciese la ceremonia del ángel guardián, denominándolo propius angelus, el ángel personal.  Francois d’Estaing celebró en Rodez, el 3 de junio de 1526, la primera misa en honor de los ángeles guardianes.

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ORACIONES

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índicexÁngel de Dios, mi santo protector, que me fuiste dado por Dios para mi salvaguarda, te ruego: Ilumíname, protégeme de todo mal, dirígeme hacia el bien y hacia el camino de la salvación.

Amén

índicexOh, santos ángeles de Dios, que ven a Dios y hacen su Voluntad, interceded por nosotros ante la Santísima Trinidad y ante María, reina de los ángeles.

Guías de luz y sabiduría, dadme claridad para recibir vuestra sabiduría y confianza en mi misión.

Gracias

índicexÁngel de Dios, amado guardián que me entrega el amor de Dios, permanece a mi lado para iluminarme y protegerme, para gobernarme y guiarme.

Amén

índicexSeres de luz, haced llegar a mí la ilusión y constancia, fuerza y sabiduría.  Que mi vida sea fructífera en aprendizajes.  Otorgadme la guía de vuestra luz en esta mi vida terrenal.

Gracias

índicexAyúdame a encontrar mi camino de vuelta a casa.  Ayúdame a encontrar el camino para llegar al Sagrado entre los Sagrados, a la paz de las edades, al viento que musita la verdad a través de los siglos.

Ángel de Dios, que eres mi custodio, pues la bondad divina me ha encomendado a ti, ilumíname, dirígeme, guárdame.

Amén

índicexSantos arcángeles, siete diamantes creados durante lo increado, manifestados por la gloria de Dios, encarnados en la sal de su santo cuerpo, impulsados en la lluvia infinita del Espíritu Santo, impregnados de la eterna luz del alma divina.  Yo también humildemente os pido que seáis mis guías en el camino espiritual, mis compañeros en los pasos de la vida.

Amén

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Pequeña enciclopedia de los Ángeles

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