CREATIVIDAD PARA CRECER

a Todos tenemos recursos para afrontar situaciones de estancamiento o de malestar pero no siempre los utilizamos.  La creatividad personal es un gran aliado en el camino que lleva a ser uno mismo.

Necesitamos la facultad creativa de imaginar lo que conocemos. (Percy B. Shelley, En defensa de la poesía).

El cerebro humano pasa la mayor parte del tiempo jugando.  Calibra opciones, calcula alternativas y evalúa cuál puede ser la más útil para resolver la situación existencial que tiene delante.

El juego es la mejor manera de producir acciones que se adapten al entorno.  Pensamos continuamente en términos de: “¿y si ocurriera esto?”, “¿y si yo hiciera esto otro…?”

LA RIQUEZA DE LA METÁFORA

Por el contrario, los atascos existenciales se producen cuando insistimos una y otra vez en aplicar soluciones que no funcionan en la práctica, y esa tozudez lleva a agrandar el problema inicial.  De hecho podríamos definir un problema como el número de veces que hemos intentado solucionarlo sin éxito.

El juego nos permite imaginar vías alternativas de solución a los desafíos que nos plantea la vida.  El juego necesita de la creatividad como base del pensamiento, y este es metafórico.

Pensamos y nos comunicamos mediante metáforas.  Cuando ponemos un ejemplo, usamos relatos, dibujamos e interpretamos teatralmente en mayor o menor grado.  En general, cada vez que decimos una frase del tipo: “esto es como si fuera tal cosa”, estamos construyendo nuestra propia versión de la realidad y ampliando con ello nuestros márgenes de maniobra.

Dicho de otro modo, si dos personas intercambian un billete del mismo valor, ambas se quedan con el mismo dinero.  Pero si intercambian una historia, cada uno se queda con dos.

VARIEDAD DE ALTERNATIVAS

Necesitamos opciones para poder decidir.  Si ante la adversidad solo disponemos de una alternativa, es más fácil que el problema se convierta en una obsesión.  Si tenemos dos opciones, nos hallaremos ante un dilema.  El pensamiento libre requiere de, al menos, tres opciones para ser eficiente.

La creatividad sirve para producir ganancia de sentido, para pensar lo que conocemos en términos de otra cosa.  Pero hay que advertir que no siempre sale bien.  Esto me recuerda una historia: “Disparatario.  El primer hombre que dijo que los dientes de su novia eran como perlas, ganó fama de poeta y fue laureado.  El primer “ostro” que le dijo a una ostra que parecía diente de mujer, fue calificado de imbécil y desconchado, es decir, expulsado de su concha.” (José María Méndez)

Es importante, pues, que la creación de alternativas tenga en cuenta el contexto en que se generan.

EXISTIR SIGNIFICA SER PECULIAR

Vivir la propia vida significa ser específico, particular y subjetivo.  En definitiva, ser uno mismo, y cada vez más conforme cumplimos años.  Mientras que la primera parte de la vida se caracteriza por el anhelo de ser aceptados por el clan, la segunda parte prioriza nuestro desarrollo subjetivo.  Cada uno debe tomar su vida como su propia gran obra.  “Cada persona es su metáfora central”, dijo el pensador Gregory Bateson.  Cuando alguien afronta la vida o realiza lo que el mitólogo Joseph Campbell llamaba la travesía del héroe, se da cuenta de que el viaje le ha hecho ser él mismo.  Eso a veces le convierte en alguien especial, incluso raro, le obliga a no poder vivir en el centro de la aldea al regreso de su viaje, sino en la periferia o incluso algo alejado.  Es el sano precio que se paga por la defensa de la propia individualidad.  La creatividad implica aportar al mundo la única y original manera que cada uno tiene de hacer las cosas.

LA MISIÓN DEL ESPECTADOR

En este mundo la pregunta es la siguiente: ¿Por qué asistimos a la experiencia de escuchar un relato, de presenciar una obra de teatro o de ver una película? ¿Por qué no nos conformamos con una ficha resumen que nos describa la obra? Probablemente, porque necesitamos experimentar cómo nuestra atención flota de un elemento a otro de la historia, de un árbol del paisaje a un personaje, al cielo, a la montaña… y de ahí, de vez en cuando, al conjunto.  Esa experiencia es la que nos aporta satisfacción, a la vez que nos permite crear nuestro propio relato.

Pero, ¿para qué necesitamos pasar por esa experiencia? Precisamente porque lo importante no es lo bien estructurado que esté el mensaje que la persona recibe, sino lo que ella es capaz de hacer con él.  En este sentido, la realidad no es exactamente lo que ocurre, sino lo que hacemos con lo que ocurre.

UN PUNTO DE VISTA DIFERENTE

El objetivo de la arteterapia es invitar a la persona a que observe la realidad desde una terraza existencial diferente.  La fuerza del mensaje no está en la belleza de la obra sino en la capacidad creativa del espectador y en lo que su mente inconsciente hace con el estímulo recibido.  La metáfora pertenece al tipo de lenguaje centrado en el universo del oyente, y no en la sabiduría de quien lo relata.  Lo que busca el lenguaje persuasivo es provocar estímulos en el sistema sensorial de quien escucha: imágenes, sensaciones, sonidos, olores y sabores que predisponen al sujeto a captar el mensaje desde su propio mapa del mundo.

El pensamiento analítico es que suele mantener las coordenadas de un problema.  El cambio de perspectiva o pensamiento lateral que propone el psicólogo y escritos Edward de Bono es lo que supera el atolladero.  La importancia de la creatividad radica en su capacidad para burlar la inteligencia consciente y altamente estructurada que mantiene los supuestos problemáticos.

Las personas creamos versiones particulares de la realidad, mapas del territorio, en términos de Alfred Korzibsky; autoengaños y espejismos perceptivos, según Paul Warzlawick.  El ejercicio de la creatividad nos puede ayudar a generar mapas más eficaces para conseguir nuestros objetivos.

CUANDO LA RACIONALIDAD SE VUELVE UN OBSTÁCULO

Un principio zen dice que cualquier arte o conocimiento que alguien logra por medios externos no es realmente suyo, no le pertenece intrínsecamente; solo lo que procede de su interior lo puede reclamar verdaderamente como propio.

La terapia breve estratégica opera de ese modo.  Busca que el mensaje sea evocado o suavemente insinuado para que el oyente puede hacerlo suyo.  A veces lo hace mediante preguntas, o por el encargo de una tarea oscura al pensamiento racional a fin de interrumpir rutas ya sabidas que conducen a atolladeros cada vez más viciados.  Lo importante es detenerse, gestionar el miedo a la incertidumbre y andar otros caminos.

La creatividad no es una competencia que deba alcanzarse sino una capacidad que ya tenemos y que nos permite adaptarnos del modo más eficiente.

De hecho tenemos nuestra obra dentro de nosotros mismos, tenemos la mente llena de historias, de imágenes y de hipótesis creativas con ganas de salir al exterior.

LA INSEGURIDAD Y EL MIEDO

Entonces, ¿por qué no desarrollamos nuestra creatividad? ¿Qué nos lo impide? ¿Por qué no convivimos con un talento que resulta tan beneficioso?

A menudo pensamos que lo que sentimos es inadecuado.  Que ante ciertas experiencias hay que sentir otra cosa más correcta o más civilizada.  Es algo que caracteriza a esta época histórica llamada Modernidad.  Esta desconfianza ayuda a que las personas se adapten a la sociedad y puedan obtener cierta satisfacción en la vida.

Sin embargo, la caña de azúcar no es dulce por los dos lados.  Desconfiar de lo que sentimos nos deja indefensos ante las experiencias de la vida.  Limita nuestra capacidad de reacción, como si abandonáramos nuestra propia casa.  Y cuando la morada del yo queda vacía de nosotros mismos, se convierte en un lugar más vulnerable y puede ser ocupada por ladrones como la inseguridad y el miedo.

De tal modo que las ganas de ser aceptados pueden convertirnos en personas más temerosas ante la adversidad, más propensas a hacer lo que se espera de ellas que a lo que realmente deseamos hacer.

UN VIAJE DE RETORNO A CASA

La creativida es un viaje de retorno a casa, una manera de recuperar el propio pulso.  Un pulso que quizá ha sido abandonado debido a la necesidad de ser aceptados.  Para eso hay que asumir el miedo que sentimos a perder el control

Carl Jung describió la sombra como una instancia psíquica en la que una persona deposita todo lo que rechaza de sí misma o intuye que no gusta a los demás.  Abraham Maslow habló de un saboteador interno que a veces paraliza nuestras intuiciones más lúcidas, por ejemplo si nos ponen en riesgo de ser rechazados.

La excesiva seriedad de una persona o el inoportuno deseo de llorar, la melancolía infantil, el miedo a ser mayor o el deseo imparable de serlo, la rabia sin razón aparente, la exigencia insistente de ser queridos, la emergencia del deseo sexual, el entusiasmo de hacer múltiples preguntas y otras muchas cosas quedan relegadas a la sombra si alguien tiene la sospecha de que son aspectos inadecuados o que pueden afectar a la opinión que los demás tienen de él.  En la segunda parte de la vida, la sombra propia de cada persona se queja en forma de malestar y desazón, porque constituye una parte de ella misma que quiere ser integrada a la luz de la personalidad.  Se trata de una protesta que no suele tener “texto”, sino que se expresa a través de signos de malestar, como pueden ser desórdenes en el sueño, tristeza excesiva, dificultad en la concentración, falta de vitalidad…, en suma, toda una serie de síntomas.

La vía más satisfactoria para recuperar el equilibrio es el empleo de nuestra creatividad a fin de hallar la forma de que todas nuestras polaridades o aspectos de la personalidad tengan cabida en nosotros mismos.  Este es el proyecto para toda una vida y empieza por recuperar la capacidad de juego.

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APORTAR ALGO DE BELLEZA AL MUNDO CADA DÍA

La creatividad es una facultad inherente al ser humano.  Desarrollarla o, como mínimo, no reprimirla, resulta tan estimulante como saludable.  Mediante acciones sencillas podemos expresarnos mejor y recrear el mundo.

PEQUEÑAS CREACIONES.  Trabajar en un pequeño poema, escribir un micro-relato o el verso de un proyecto de canción, pintar, esculpir… Dedique 20 minutos al día a la obra más pequeña posible.

PRACTICAR EL ENSIMISMAMIENTO. Pasar un tiempo cotidiano con uno mismo.  Experimentar que somos nosotros mismos a ser posible sin estímulos visuales ni sonoros.

50 MINUTOS DE SATISFACCIÓN. Programe este tiempo al principio de cada día, aunque lo ejecute en cualquier otro momento.  La actividad elegida puede ser variada, pero no debe pensarse con criterios de responsabilidad, mejora o formación; sino de obtener satisfacción.  Visitar el estado de satisfacción es una fuente de creatividad.

PLAGIAR. Presentar una obra ajena como propia es una falta de ética.  Pero tomar lo que nos gusta nombrando al autor, no lo es.  El componente más importante del aprendizaje es la imitación.  En todas las artes, el aprendiz copia a sus maestros para insertarse en una tradición hasta que su proceso madurativo le lleva a despegar y crear su propia obra.

IMAGINAR DESDE ESTÍMULOS MÍNIMOS. Practique ejercicios relacionados con la apertura imaginativa.  Por ejemplo, con frases reiteradas que comiencen con palabras que abren discurso, como: “Recuerdo que…”, “Soy una persona que de niño…”Me gusta…”, “Me disgusta…”

EJERCITARSE EN GRUPO.  Hay una cosa más satisfactoria que un cerebro pensando: dos cerebros pensando.  La creatividad tiene mucho que ver con la sinergia.  La estimulación de la creatividad en grupo es una experiencia que hace crecer el propio pensamiento.

PRACTICAR COTIDIANAMENTE. Comprométase con su obra. Genere imágenes acerca de lo que quiere hacer.  No quiera culminar el trabajo en cada sesión.  Trocee el objetivo en pasos pequeños y asequibles.

BERNARDO ORTÍN – REVISTA CUERPOMENTE

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