La inspiración de los artistas

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Las leyes naturales no siguen los caminos de la lógica, solo son accesibles a la intuición.

ALBERT EINSTEIN

 

Las grandes revoluciones del pensamiento humano son fruto de los impulsos creativos que tienen poca relación con el razonamiento.  Por lo demás, los propios científicos admiten que, bien visto, los grandes descubrimientos deben su existencia a las inspiraciones repentinas provenientes del inconsciente.  Cuando descubrió la teoría general de la relatividad, Einstein la consideró como “el pensamiento más afortunado” de su vida.  Evidentemente, había surgido tras numerosos años de trabajo y reflexión, pero la visión que tuvo un día de una persona que caía de un tejado le sugirió que, en el espacio, un cuerpo está a su vez en movimiento y en reposo.  Esta visión venía de su inconsciente y no de su reflexión consciente.

John Maynard Keynes, el famoso economista, tenía el mismo concepto de Isaac Newton: “Era su intuición la que fue totalmente extraordinaria.  Se sentía muy feliz con sus conjeturas, aun cuando parecía saber que jamás podría esperar probarlas.  Las demostraciones vendrían después, no habían formado parte de los instrumentos del descubrimiento”.

El filósofo Karl Popper estima que “no existe ningún método lógico para suscitar nuevas ideas, ni una reconstrucción lógica de ese proceso.  Los grandes descubrimientos contienen un elemento irracional de intuición creativa”.

El matemático Henri Poincaré admitía que la mayor parte de sus descubrimientos no los debía a su trabajo matemático, sino a su espíritu, capaz de “adivinar las armonías y las relaciones captadas”.  Por medio de un golpe de intuición, Poincaré podía estar casi seguro de que tenía razón, antes de haber verificado los resultados.

Este proceso de descubrimiento que parece proceder del exterior juega un papel primordial en el caso de los artistas.

 

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LOS ESCRITORES

Edward Gibbon obtuvo un gran reconocimiento por su obra Historia de la decadencia y ruina del Imperio Romano.  Estaba sentado sobre los escalones del templo de Júpiter en Roma cuando, de repente, la ciudad moderna desapareció ante sus ojos y fue reemplazada por las ruinas de la ciudad antigua, y después por unas ruinas más antiguas todavía.

Arnold Toynbee, autor de un Estudio de la Historia, tiene esta opinión de Gibbon: “Esta visión fue el único relámpago de inspiración que Gibbon recibió en su vida.  Sin él, este espíritu brillante no habría hallado nunca su lugar en la historia intelectual de la humanidad…”.

Todo hace pensar que Toynbee había vivido una experiencia similar.  Mientras estaba sentado sobre una colina que dominaba Esparta, vio aparecer repentinamente un conjunto de construcciones rodeadas de murallas, como si se hubiera trasladado a la Antiguedad.  Su visión del pasado fue determinante para él: “Si no hubiese contemplado, un 22 de mayo de 1912, desde el alto de Mistra, desplegarse materialmente ante mis ojos esta imagen sinóptica, no habría podido nunca realizar este trabajo”.  Se refería, evidentemente, a su destacada obra Estudio de la Historia.

Esta experiencia vivida muestra el importante papel que pueden desempeñar en toda creación los estado alterados de conciencia.  Pero la inspiración es una facultad que se manifiesta espontáneamente y que se presenta de manera totalmente imprevisible.  Parece hallarse en lo profundo del inconsciente, para luego subir a la superficie durante breves instantes.

El prolífico escritor brasileño Brazil Ryoki Inone respondió cierto día a un periodista: “Francamente, no he leído los libros que he escrito”.  Aparentemente se trataba de una broma, pero sin duda que podríamos creerle.

El poeta Shiller se preguntaba de dónde le venían sus inspiraciones repentinas y Goethe afirmaba que escribía como si estuviera poseído: “No soy yo quien se adueña de la poesía, sino que es la poesía la que se adueña de mi”.

Dickens afirmaba que era guiado por una “fuerza benévola”.  Milton escribió que su poema El paraíso perdido le había sido dictado y Samuel Taylor Coleridge se despertó una mañana teniendo el poema Kublai Khan en su cabeza.  De inmediato lo compuso sin esfuerzo aparente.  Interrumpido cerca del fin de la transcripción.  La inspiración “se ha desvanecido, como ocurre con las imágenes en la superficie al llegar las ondas producidas al tirar una piedra”.  El poema no fue nunca concluido.

William Blake creía que varias de sus obras le habían sido dictadas desde el más allá, en especial, su poema épico Jerusalén.  Yeats manifestó lo mismo respecto a su obra mística, A Vision y Rilke relata en detalle cómo le fueron dictados sus Sonetos a Orfeo y sus Elegías a Duino.

Del mismo modo, Robert Louis Stevenson soñó el argumento del Doctor Jekill y Míster Hyde.  Harriet Beecher-Stowe escribió La cabaña del tío Tom, de un tirón “como si el viento le hubiese soplado las palabras necesarias”.

Cuando la inspiración se apodera del creador, su obra parece fluir sin esfuerzo.  En ciertos casos, guía al autor, se impone a él con una autoridad con una autoridad incontestable.  Virgina Woolf decía: “Me siento zarandeada como una bandera vieja por mi novela La Promenade au phare”.

En cuanto a Jean Cocteau, habló de “enfrentamiento del poeta ante la misión que no es capaz de cumplir”.

En su época, Victor Hugo señaló: “Nunca estoy solo mientras escribo.  Es como si de un abismo desconocido salieran haces de palabras y  yo no fuera más que el segador.  Es del escenario de otro mundo de donde extraigo el material de mi obra…”.

 

 

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LOS MÚSICOS

Mozart escribió: “Cuando soy, por así decir, totalmente yo mismo y estoy totalmente solo y en buena disposición […], las armonías fluyen mejor y más abundantes.  De dónde y cómo vienen, eso no lo sé, no puedo forzarlas.  Ni puedo, en mi imaginación, oír los fragmentos sucesivamente, sino que los oigo, por así decir, todos juntos […]. Los anoto rápidamente y la partitura difiere raramente de lo que tenía en mi imaginación.

Bach pretendía no hacer más que transcribir lo que le dictaban: “Ejecuto las notas según me son inspiradas.  Es Dios quien hace la música”, decía él.  Para Beethoven, la inspiración era “un estado misterioso en el que el mundo entero no es sino armonía, donde todo sentimiento y todo pensamiento hallan en mí un eco, donde las fuerzas naturales se convierten en mi mismo  instrumento y donde mi cuerpo entero se estremece”.

“La idea de una composición -decía Tchaikovski- me llega, generalmente, de forma brutal […].  Olvido todo y pierdo la razón.  No soy otra cosa sino redobleces y vibraciones”.

Todos los grandes compositores parecen coincidir en decir que la inspiración está en ellos, pero es como si les hubiese llegado de más allá de ellos mismos.  Al mismo tiempo, se hace difícil, tomando en cuenta sus prodigiosos dones musicales, diferenciar entre su creación personal consciente y una inspiración inconsciente que vendría del más allá.

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SILVIE SIMON-EXTRAÑOS FENÓMENOS SOBRENATURALES

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