El juicio de la existencia – Robert Frost

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Y desde un precipicio se proclama

la reunión para que nazcan las almas,

el llamado juicio de la existencia,

el oscurecimiento de la Tierra.

Y las más ociosas se dan la vuelta

para observar de nuevo el sacrificio

de las que por alguna buena causa

abandonarán de buen grado el Paraíso.

Y sólo es elegido quien lo desea,

habiendo escuchado la vida que le espera

allí en la Tierra, lo bueno y lo malo,

sin ninguna sombra de duda.

Tampoco falta entre la multitud

un espíritu dispuesto a enfrentarse,

heroico por su indefensión,

a la enormidad de la Tierra.

Pero al final siempre habla Dios:

“Un pensamiento en la agonía de la lucha

podría tener el más valiente por amigo,

el recuerdo de que escogió la vida;

pero el destino puro al que te abocas

no admite el recuerdo de la elección,

o de otro modo no sería terrenal la congoja

a la que das tu consentimiento.”

Y así, la decisión debe volver a tomarse,

aunque la decisión final sea la misma;

y el sobrecogimiento eclipsa al asombro,

y por toda aclamación se hace el silencio.

Y Dios ha tomado una flor de oro

y la ha roto, y de ella ha extraído

el lazo místico para ligar y unir

el espíritu y la materia hasta que llegue la muerte.

Y es la esencia de la vida,

pese a nuestras muchas decisiones, carecer

del claro recuerdo duradero,

de que la existencia nos depara

sólo lo que de algún modo escogimos;

y así nos vemos despojados del orgullo

en este sufrimiento con un único final,

y lo soportamos abatidos y desconcertados.

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